Interculturalidad y violencias basadas en género
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Proyecto para la prevención de la mutilación genital femenina en el departamento de Chocó
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La siguiente investigación tiene como objetivo diseñar una estrategia para la prevención de Mutilación Genital Femenina para las niñas y mujeres indígenas Emberá del Departamento del Chocó, que permita abordar la problemática a nivel individual, familiar y comunitaria, para esto, se realizó una exhaustiva revisión documental tomando como referencia el año de 1993 hasta la fecha, debido a que en Colombia las investigaciones en mutilación genital femenina son mínimas y se requiere describir la MGF, la cosmovisión de los pueblos indígenas frente a esta práctica, identificar las estrategias que se han venido realizando a nivel mundial en prevención de la MGF y con ello extrapolar la información con el fin de establecer procesos de prevención primaria y secundaria frente a la MGF basadas en la interculturalidad, en las que se encuentran acciones intramurales y extramurales para los profesionales de psicología.
Mujer, Cultura y Derechos:
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Diseño participativo con enfoque intercultural de la Ruta Integral de Atención en Salud de las violencias de género con énfasis en violencia de pareja para las mujeres indígenas del pueblo Nasa de los resguardos de Yaquivá, San Andrés y La Gaitana en Tierradentro Departamento del Cauca.
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Colombia desde el año 2008 cuando se crea la Ley 1257 "Por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, se reforman los Códigos Penal, de Procedimiento Penal, y se dictan otras disposiciones” ha diseñado e implementado diferentes lineamientos y protocolos de intervención en violencias contra las mujeres en el ámbito jurídico, protección y de la Salud que permiten garantizar los derechos de las mujeres que han sido víctimas (Corte Constitucional de Colombia, 2010) [8].
Hoy por ejemplo, El Ministerio de Salud y Protección Social cuenta con una guía de atención integral para la mujer maltratada, el Protocolo de Atención Integral en Salud para víctimas de violencia Sexual y el Protocolo de Atención en Salud para víctimas de ataques con agentes químicos en los servicios de urgencias e incluyó dentro de la Política de Atención Integral en Salud (PAIS) una ruta de atención integral para personas a riesgo de violencias, entre ellas las violencias de género (Ministerio de Salud y Protección Social, 2016) [35].
Según la Organización Mundial de la Salud -OMS- (2004) [38], el 30% de las mujeres han sido víctimas de violencia alguna vez en la vida y los actores más frecuentes de dicha violencia son sus parejas y exparejas. La violencia trae repercusiones en todos los contextos donde se desempeña la mujer, se ha encontrado que las mujeres maltratadas presentan problemas en la salud mental, problemas sexuales y reproductivos y problemas musculoesqueléticos, además cuando son madres sus hijos/as están expuestos a violencia sistemática. Por lo anterior la OMS afirma que la violencia entre pareja trae como consecuencia discapacidad y muerte por el trauma físico, psicológico, miedo y una abrumadora percepción de control por parte de la pareja violenta (Sanz, Rey y Otero, 2014) [46].
A pesar de los avances normativos, guías, lineamientos y protocolos en salud desde enfoques de derechos y de género, todavía existen barreras en el país para que las mujeres víctimas de violencias género puedan tener acceso a los servicios de salud en sus territorios que les permita superar las afectaciones en su salud física y mental como consecuencias de las violencias de acuerdo con sus necesidades.
La violencia de pareja, en especial aquella donde además hay hijos/as (ámbito familiar ha venido agudizándose entre las familias Nasa. Un caso que impactó a nivel nacional, fue el feminicidio ocurrido en Abril de 2017 de Edith Jhoana Parra, comunera indígena del resguardo de Yaquivá, perpetrado por su compañero permanente, así como la desaparición de sus dos hijos (El Heraldo, 2017) [12]. Este y muchos otros casos de violencia de pareja, donde además hay hijos/as en estas relaciones de pareja que se constituyen en familia, es a todas luces un problema apremiante y de vital intervención y solución para el Pueblo Nasa.
El Pueblo Nasa cuenta con rutas estratégicas de autogestión y autoatención de su salud, que le han permitido manejar la violencia de género, en especial la violencia de pareja. El protocolo de las sesiones está en manos de los mayores y lideresas, quienes se preparan previamente, masticando coca, dan apertura al ritual. En los tres resguardos (Yaquivá, La Gaitana y San Andrés) se vienen desarrollando las siguientes estrategias, bajo dos dimensiones: Familia y organización colectiva. El tejido del útero, es decir, mediante técnicas de tejido ancestral se elaboran diversos productos artesanales que reconstruyen la historia del pueblo Nasa como colectividad; también el lugar de cada persona en el entramado cultural, económico y político. Música para la armonización personal y colectiva con los espíritus mayores, es decir, mediante la ejecución de instrumentos ancestrales, se realiza una activación sensorial, que junto a los espíritus mayores, repara y equilibra la vida espiritual, física y emocional de las personas. Fortalecimiento del cuerpo físico desde el cuerpo territorial ancestral, se realizan visitas guiadas por los mayores con el objetivo de valorar los sitios sagrados, resignificando experiencias negativas y positivas de la vida de las personas, el territorio es un mapa simbólico del cuerpo físico, sentido de vida, del trabajo y la espiritualidad. También, vienen adelantando talleres de tipo informativo sobre normatividad, derechos, y herramientas legales que el Estado pone a disposición (Finscue, 2018) [14].
No obstante, existen serias limitaciones para su cabal implementación. Por un lado, se desconocen, la dimensión y profundidad del fenómeno intercultural. También no poder acceder a zonas dispersas, puesto que son de difícil acceso, imposibilita se promocione o atiendan las problemáticas; no se cuenta con personal que realice seguimiento permanente a los procesos. Pero, una vez las mujeres del pueblo Nasa o indígenas en Colombia deciden acceder a los servicios de salud, existen barreras de acceso puesto que no están adecuados a su cultura, a su idioma, conocimiento ancestral y medicina tradicional. Los profesionales de la salud no validan ni adecuan sus intervenciones a las realizadas por las mujeres desde su conocimiento ancestral, por lo tanto, se profundiza cada vez más la situación.
La Organización Nacional Indígena Colombiana (ONIC) a través de la Consejería de Mujer, Familia y Generación han ratificado la necesidad de trabajar mancomunadamente entre los pueblos indígenas y las instituciones estatales. Tanto las estrategias estatales y las de los pueblos para enfrentar la violencia de género tienen problemas cada una a su interior, pero además, hay una desarticulación entre ellas, que hace que se dupliquen esfuerzos y se pierda credibilidad en las acciones de unos y otros por parte de la población (ONIC, 2017) [39]. Para ONIC como para los líderes y lideresas de los pueblos Nasas es importante que se incluyan a los hombres dentro de los procesos que se llevan a cabo en la prevención de la violencia de género, con el fin de reconocer la importancia que tiene la familia dentro de la comunidad y el valor especial de las mujeres, los niños y las niñas.